18 diciembre 2011

Día malo... ¿día mejor?

¿Os habéis encontrado alguna vez en una situación en la que sabéis con certeza que tenéis la culpa de algo pero no podéis admitirlo?

¿O en una situación en la que sabéis que no tenéis nada de culpa, que no habéis hecho nada malo y sin embargo, debido a la situación, os entran ganas de disculparos por ello?

Hoy me he encontrado en ambas situaciones y ninguna es agradable.

La primera pregunta es fácil de ponerle un nombre: orgullo. Hay gente orgullosa y gente muy orgullosa. Yo me introduzco en la primera categoría pero ha eso hay que añadirle algo más; cabezota.
Ambas características no son demasiado buenas y mucho menos, en algunas situaciones. Pues bien, ese ha sido primer error hoy, ser orgullosa y cabezota y cómo consecuencia he herido a alguien a quién quiero mucho y a la que hacia mucho que no veía.
¿Solución? Disculparme en cuanto tenga la oportunidad y eso, si me permite hacerlo.

La segunda pregunta es más difícil darle solución, aunque también tiene características del orgullo y la testarudez. Pero, poneros en mi situación. ¿Debería disculparme por algo que sé que no he hecho? ¿O disculparme por algo que sé que he hecho pero que no había nada malo en ello? La peor parte llega cuando vives con esa persona y las palabras que te cruzas con ella son sólo de mera cortesía, si se le puede llamar así.

No quiero disculparme por algo que no he hecho, ¿porqué debería ceder? Siempre tengo que ceder yo y en esta ocasión no lo voy a hacer. Así que sólo quedan dos opciones:

1ª) Seguir con el ambiente tenso porque SÉ que él no se va a disculpar, es decir, no solucionar nada.
2ª) Volver a la normalidad, como sino hubiera pasado nada. Volver a vivir como siempre. Sin embargo, a pesar de que es esta opción la que más me llama, no sé si podré hacerlo. Porque creo que sería como rendirme y darle la razón y sinceramente, ya me estoy hartando de tener que ser yo la que siempre ceda en las discusiones.

Y eso ya no es ser testaruda o orgullosa, a eso se le llama tener amor propio.

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